Observador

Hasta las gelatinas necesitan tiempo pa’ cuajar

Por. Itandehui Rodríguez / @Itandehui_RoMa

¿Están de acuerdo que no se puede exigir a la nieve más que agua? Al fuego no se le puede exigir más que cenizas, a un árbol de aguacates no se le puede exigir más que aguacates y por supuesto hojas para ponerle a unos frijoles refritos, sí no lo han hecho, se los recomiendo ampliamente, las muelen con un poquito de agua, se las agregan y se van a chupar los dedos, yo sé lo que les digo.

Volviendo a las exigencias, exigir es muy sencillo, por ejemplo, me caso y a los dos meses de casados, le exijo a mi marido una mansión con camionetón a la puerta y chofer listo para llevarme a dónde yo quiera, con tarjetas de crédito ilimitadas y un séquito de personal de apoyo para tener la casa impecable. Supongamos que no me casé con Rockefeller pero sí con un hombre brillante que, sin duda, podría lograr fama, fortuna y más en algún tiempo, pero yo enloquecí y decido que quiero que me dé todo lo que se me antoja en dos meses. Porque sí, porque puedo exigir, porque en mi matrimonio anterior me fue de la fregada y ahora quiero que este me cumpla todo en DOS MESES.

¿Qué estamos locos o nada más fingimos? Bueno… yo.

Obvio no estoy loca, porque ¡NUNCA ME VOY A CASAR! Y lo digo con gusto, convencimiento y orgullo, aunque nunca falte la tía metiche que quiera darme cátedra de cómo manejar mi vida, por eso casi no les hablo… Volviendo al punto, no, no me voy a casar, no, no he estado casada y si me casara, no, no le exigiría a mi marido que me diera todo lo que quiero en dos meses, o sea, ¿cómo demonios?

Exigir es lo más fácil del mundo, más cuándo se trata de pedir pero no de dar, le exigimos resultados a los gobernantes pero no les damos ni siquiera el tiempo de acomodarse en sus nuevas oficinas.

Todo esto lo menciono porque el día de ayer se publicó una encuesta de Mitofsky que trae al mundo de cabeza, queriendo ver el vaso medio vacío, cuándo la realidad es que está medio lleno. Hablo del caso Puebla y de Eduardo Rivera, por supuesto. El estudio califica a 100 alcaldes de los más de 2,500 que hay en todo el país, solo a 100, ubica a nuestro presidente municipal en el lugar 64 luego de dos meses de trabajo, dos mesesotes… ¡Dos! Nada más les recuerdo que en el mismo estudio, en diciembre de 2020, situaron a nuestra exalcaldesa en el patético lugar 97 después de dos años de administración. ¿Cómo demonios comparan dos años de administración con dos meses? Si a dos meses Eduardo Rivera se coló en el lugar 64, ¡señoras y señores, algo está haciendo muy bien! Tiene tres pesos en la bolsa, dos meses de trabajo, una operación mediática y política en su contra orquestada desde fuera de Puebla y desde adentro por personajes que creen que la única manera que hay para competirle es a periodicazos y ¡ESTÁ EN EL LUGAR 64! Que además, de acuerdo al ranking, es una calificación alta:

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Hasta las gelatinas necesitan tiempo pa’ cuajar, así que no jueguen, en serio. Ni siquiera han pasado los 110 días que pidió en su toma de protesta para poder evaluarlo, dejen que se transcurran y vemos si nos arremolinamos en el zócalo como los aldeanos de Shrek y antorchas en mano nos lanzamos a destruir el palacio municipal, o no. Si ya aguantamos tres años de terror, ¿qué son tres meses de gracia? ¡Por favor!

P.D. Ojalá pronto el diputado Carvajal haga 1000 planas que digan “El DAP es un derecho, no un impuesto”, porque sigue sin entender la diferencia.

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