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No temas dónde vayas, que has de morir dónde debes

Por. Itandehui Rodríguez / @Itandehui_RoMa

Les pido que imaginen a una tercia de agentes saliendo de sus respectivas casas, uno se llama Miguel, el otro Adrián y el tercero Guillermo; salieron sin haberse despedido de sus familias porque tuvieron que apresurarse para llegar a las oficinas centrales de la Fiscalía General del Estado a entregar algún reporte o tarjeta informativa antes de dirigirse a Tecamachalco, seguramente se detuvieron, como tantas veces en recursos materiales para volver a solicitar papelería aunque sabían que la respuesta iba a ser negativa como siempre, por falta de recursos, así que en algún momento antes de llegar a su sitio de trabajo tendrían que detenerse a comprar hojas para poder imprimir sus investigaciones. Acordaron las inspecciones del día y luego de todo eso, se prepararon para salir con destino a su oficina, pero antes de partir, esta tercia pasó por el sótano donde alguna vez se encontró aquel memorial que todos leían antes de ir a sus servicios: “No temas dónde vayas, que has de morir dónde debes”.

Los agentes partieron con destino a Tecamachalco, de acuerdo con su rol, seguramente regresarían 15 días después, es probable que el viernes pasado estuvieran a punto de salir de descanso. Es probable que tuvieran planes para el fin de semana con sus familias o amigos, tal vez una fiesta, tal vez una reunión, tal vez los esperaban ese viernes en la noche para celebrar algo especial. Salieron sin temor, gracias a esa frase que les infundió valor en muchas ocasiones, sin saber que no volverían para esa fiesta, para esa reunión, para esa celebración.

Ese día que los agentes salieron de casa para trabajar sin despedirse de sus hijos, lo hicieron sin saber cuán importante era despertarlos y darles un beso, porque era el último día que los iban a ver.

Es muy probable, que estos hombres duros, fríos y complejos, producto de la dureza y rudeza de años de trabajo que obligan a dejar en segundo plano las emociones, hayan cometido el error de no demostrar el amor que sin duda sentían por los suyos. No es que no los quisieran, es que la delincuencia los marcó, es que la exigencia de trabajo los agotó, es que las preocupaciones económicas los agobiaron, es que nunca entendieron porque la sociedad, por qué la ciudadanía por la que trabajaban, a la que salieron a proteger día a día, los maltrató como lo hizo, los desdeñó, los menospreció sin valorar que lo que ellos arriesgaron día a día no fue el prestigio, no fue la reputación o su “buen nombre”, lo que ellos arriesgaron día a día fue su vida y su libertad.

Seguramente el último pensamiento que cruzó por sus mentes fue el que dedicaron a su hijos y esposas, a sus madres y hermanos, a sus padres y amigos. Seguramente partieron sabiendo que cumplieron con su deber, partieron sabiendo que morirían dónde debían.

Mientras tanto en esas tres casas sus familias seguramente se preguntaban por qué no llegaban a descansar, justo cuándo alguien tocó el timbre de cada una de las casas, salieron y se encontraron con una persona de la Fiscalía, que llegó a darles la noticia que deseaban nunca escuchar, el fallecimiento de su padre, hijo, hermano o esposo. Aturdidos y sin entender lo que les decían, mientras lloraban, hacían preguntas cuyas respuestas parecían ininteligibles. ¿Y cómo le explicas a una esposa que acaba de perder al amor de su vida en manos de otro policía? ¿Cómo le explicas a un hijo que un compañero de otra corporación fue el que lo dejó sin padre? ¿Cómo haces entender a una madre que está experimentando el peor de los dolores por una “confusión”?

¿En qué momento los que no somos parte de esas familias decidimos que podemos permanecer indolentes y ajenos a su dolor? ¿Cuándo permitimos que la clase política se aliara con el crimen organizado? ¿Por qué no hicimos algo antes de que a este país se lo cargara el carajo? Pero más allá de eso, ¿cuándo vamos a empezar a darle el reconocimiento que merecen todos aquellos que tienen el valor de hacer lo que todos nosotros no?

Si bien es cierto que muchos agentes de las policías han fallado, se han coludido con delincuentes, han quebrantado los principios de legalidad, honradez, profesionalismo, eficiencia y respeto a los derechos humanos a los que los obliga la Constitución, también es cierto que hay muchos, muchos, que salen día a día orgullosos y comprometidos con su trabajo a llevarlo a cabo, dando su mejor esfuerzo.

Imagino a sus compañeros, a los veteranos preguntándose ¿por qué se han salvado de un final así? Imagino también a los jóvenes preguntándose ¿cuándo les tocará ese mismo final? Imagino a jóvenes y veteranos experimentando un dolor que no los puede inmovilizar, a pesar de que perdieron a sus amigos, tienen que seguir trabajando.

Les pido que dediquemos un pensamiento de agradecimiento a Miguel, Adrián y Guillermo, porque no temieron a dónde iban pues murieron dónde debían. Les pido también otro pensamiento de solidaridad, aprecio y consideración para las familias y amigos de cada uno de ellos, porque el viernes no solo les arrancaron la vida a tres agentes, el viernes también murió algo dentro de los corazones de sus deudos. A las familias y amigos les pido que recuerden con mucho orgullo a los fallecidos, porque, como ya lo dije, ellos tuvieron el valor de hacer lo que el resto de nosotros no.

Nota bene: existen dos casos que pudieran fungir como precedente de lo que va a pasar en Tecamachalco.

Caso 1. Nombre Eliseo Zayas; municipio, Acatzingo; año, 2012.

Caso 2. Nombre Rafael Núñez Ramírez; municipio, San Martín Texmelucan; año 2018.

Veremos por cuál se deciden el poder ejecutivo y el legislativo de este estado.

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